WINSTON ORRILLO 0 El ESPEJO ESPERPÉNTICO
Con El último Diario (nocturno) de Ana Frank, Editorial Causachun, Colección Narrativa, 1986, Winston Orrillo entra con pie firme en la narrativa hispanoamericana. Esta obra es su tercera entrega en prosa de ficción. El primer relato es el que da título al libro.
La de Orrillo es una prosa germinativa de sorpresas y desgarramientos, donde el autor muestra el vivir y el desvivir del hombre común en su intrahistoria directa y existencial, con sus renuncias y precariedades. Crea un mundo de un correlato sociológico tierno y humano, de generoso impulso, a veces devastador, pero siempre auténtico. La autenticidad, tal vez, sea el pulso de su respiración narrativa.
Fino en el detalle y en la observación, nos lleva, con mano diestra, sin que la mano se vea —y éste es su acierto—, a través de estos relatos, a un mundo mentado que tiene en el contexto social su nivel referencial emotivo y apremiante.
En El último Diario (nocturno) de Ana Frank, el protagonista viaja en autobús a Chiclayo, y su compañera de asiento, una anciana de setenta años de misterioso nombre —Ana Frank—, pero con apellido de casada —de Chafloque—, va a perturbarlo por los obvios motivos de su nombre, homónimo al de la célebre autora y mártir del genocidio, y por otros ciertamente inconfesables, pero que se adivinan a través del relato,
Durante la larga travesía nocturna hacia el Norte del Perú, el protagonista es asaltado por una serie de acosos, al parecer sexuales e imaginarios, pero que lo precipitan en una pesadilla de lo absurdo, en una realidad esperpéntica de un grafismo grotesco. En la irónica distorsión de la imagen de esta antiheroína, la ambigüedad deja margen a un tenue deslinde entre las notas eróticas y oníricas y el naturalismo de la infrarrealidad de lo escatológico. El lenguaje directo es desconcertante:
Yo con apenas un tembloroso ojo medio abierto, alcancé a distinguir el descenso de mi cancerbera que, antes de abandonar su emplazamiento tenaz a ni¡ costado, me hizo la ofrenda de un discreto regiieldo, y de una soberbia descarga de gases, que no pudo menos que hacerme evocar las cámaras letales donde, apenas ocho lustros antes, moría la homónima, y seguramente antónima, autora del aquel Diario, que yo había sórdidamente evocado durante esta noche...
El tinte feísta y grotesco apenas se morigera en las imágenes y sensaciones de duermevela y en los arrestos faúnicos del narrador en primera persona.
Se pinta la vida en un clima predominantemente urbano. El interés de la narración coge al lector desde el momento en que comienza, en forma casual, y con situaciones cotidianas; sin embargo, poco a poco. la tensión va en aumento hasta llegar al desenlace, casi siempre imprevisto. Así también sucede en ‘Mi primera fechoría’, donde un realismo psicológico lúcido en un desarrollo narrativo sin audacias estilísticas, crea un suspenso creciente.
La ironía crítica, devastadora por cierto, está presente en la mayoría de los cuentos. El autor la prodiga en “El profeta Atacuri”, “Cuello Duro”, “Mi padre dice”, “La mejor alumna”, “Bombolo”.
En el primero de estos relatos, a través del estoicismo irónico, el lector es introducido al ejercicio, no muy edificante de Atacuri, pseudo pastor religioso que se dedicaba a iniciar doncellas en el rito sexual. Un primitivismo lingüístico traduce un cinismo elemental del narrador:
... y esto es cuestión de iluminación porque así yo mismo podía ver la luz en el pechito de las muchachas que me traían para que las santigüe y las inicie y todo era que me las dejen porque a mí me hacía falta poco tiempo para saber si servían o no servían para nuestro culto y no había que hacer diferencia si flacas o gorditas con tal que seyan dóciles y entiendan la palabra divina y los gestos divinos ...”
En “Mi padre dice«”, el mundo se revela en un realismo crítico en que se presentan las frustraciones individuales y colectivas de la sociedad peruana. Es una pintura fácilmente extensible a otros países latinoamericanos en que la bestialidad policial y la persecusión política configuran un modus operandi.
Winston Orrillo es, por otra parte, un penetrante conocedor del alma adolescente e infantil, cuyos lenguajes y jergas imita en una alquimia verbal admirable. En “Cuello Duro”, se asiste al redescubrimiento del mundo en una narración de gran frescura y verosimilitud. El narrador-testigo descorre el velo de los grupos, algo pandillescos, de adolescentes de los últimos grados de las escuelas secundarias de Perú. El muchacho apodado “Cuello Duro”, representa al infaltable delator y aprendiz de arribista, adulador de los que detentan el poder, y algo blandengue interiormente. Contra este muchacho las emprende el grupo subversivo, pero con una rebeldía sana de adolescentes. Las actividades más inocentes, como elegir una reina de belleza estudiantil, adoptan rigores imprevistos y son toque de escándalo. Lo infracotidiano y coloquial, cobran sus fueros lingüísticos en los apelativos “Olluco”, “El bizco”, “El flaco”, “El virolo”, “La yuca frita”. El narrador‑testigo es elocuente y arroja esa pequeña dosis de humor, sin la cual no es posible calar hondo en la condición humana.
En “Bombolo”, se presenta una especie beatífica de profesor de música y víctima del ludibrio y el escarnio de los 48 alumnos de la clase. Aquí se rescata, también, un retazo costumbrista de la vida escolar secundaria peruana.
“El ascensor del infierno” y “Concierto matinal” introducen a una visión infernal y apocalíptica, en una atmósfera de pesadilla, entre cortes violentos de la realidad.
Winston Orrillo, poeta hasta en la prosa, asume la realidad como una actividad lúdica y cosalista: los pequeños enseres, los gestos, el detalle nimio, inadvertido, se magnífican en una técnica microscópica, a la luz del parpadeo centelleante del lenguaje coloquial, entrecortado y sugerente. Del rico venero de la niñez y del arca inagotable de los lares y de los jardines de la infancia, extrae su tesoro y nos lleva a los arraigos esenciales.
Alicia Galaz‑Vivar Welden
Appalachian State University
Invierno de 1986- Cordillera de los Apalaches - Boone, Carolina del Norte.
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